Colegio Calasanz Santander

ORATORIO EMAÚS

 

ORATORIO DE EMAÚS

Hemos finalizado la decoración de un oratorio en este colegio santanderino de los escolapios.

Tiene claramente tres partes bastante bien repartidas. Tres escenas a partes iguales, que bien podría ser un tríptico. En el centro un árbol en tres dimensiones eleva cinco ramas hacia el techo de este lugar coronándose con ramas más pequeñas y hojas.

A un lado un camino, que se pierde por detrás de este árbol. En él se ve a Jesús con los dos discípulos de Emaús señalando hacia el horizonte lejano un supuesto punto dónde dirigirse. Al otro lado el mismo camino, que también se pierde por detrás de este árbol central, se contempla la escena de San José de Calasanz y dos alumnos; un niño y una niña vestidos claramente con el uniforme escolapio. También San José de Calasanz indica un punto allá en la lejanía donde parecen dirigirse.

El camino de Jesús y de San José de Calasanz es el mismo,  y no es una casualidad. El camino de los santos es el camino de Jesús. Este Jesús de Nazaret, que dice que “Él es el camino”, nos está indicando hacia dónde dirigirnos por él mismo, que es el camino.

En cuanto a los discípulos de Emaús, están aprendiendo cuanto se decía de Jesús en las Sagradas Escrituras. Intuyen que quien les habla es el Maestro.

En la otra escena, San José de Calasanz lleva a los niños por este mismo camino, que es Cristo, hacia un encuentro con la verdad. Este encuentro con la verdad no es ni más ni menos que el dejarse conducir  por un camino auténtico que llamamos educación, porque ¿qué es educar, sino dejarse conducir por un camino?. Jesús es el maestro y como tal nos enseña  a llegar a la verdad y esta es misión absolutamente clara  de las Escuelas Pías: dejarnos llevar por el camino de la verdad en una línea de educación.

La lejanía es muy grande, esa verdad está detrás del árbol, de un árbol de vida. En el corazón de este árbol está la vida, aquí está el Sagrario y aquí está Cristo. Una vida que se encuentra ramificada en unos rayos dorados, uno de los cuales se extiende hacia María, la Madre, que aquí se representa  bajo la advocación de la Bien Aparecida, patrona de la Montaña, de Cantabria.

A ambos lados  de este mural  hay dos signos muy importantes: sobre una sección de tronco de árbol, a la izquierda, se encuentra abierta la Palabra, que tiene luz propia. Cristo es también la Palabra. En la Sagrada Escritura se soporta también nuestra propia tradición de creyentes. La revelación de Cristo se hace también a través de la Palabra. Al otro lado, a la derecha, hacia arriba,  diametralmente opuestos y pasando por el Sagrario en línea recta con la Palabra… la Cruz.  Una Cruz de San Damián, ribeteada en oro, con una simbología propia del Calvario y de aquel momento  en el que Cristo se entrega por todos.

Aquí tenemos el camino, la verdad de la Educación y la vida que es Cristo en la Eucaristía, que permanece con nosotros, porque en definitiva, Cristo es eso: CAMINO, VERDAD y VIDA.                                  

           Evaristo Arroyo OCDS (Carmetlita seglar que ha realizado el oratorio)

 

 

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